KÉIK es la primera boutique de tartas de queso de València: una pastelería pequeña que ha decidido hacer una sola cosa muy bien. Una carta corta de cheesecakes —vasca clásica, chocolate intenso, matcha, frambuesa— que se venden enteros, en cajas de madera circulares con la etiqueta burdeos de la casa. Nuestro encargo fue hacer la sesión que sostiene catálogo, web y feed.
El blanco fue la decisión de salida. Blanco infinito, sin sombra dura, sin atrezzo. KÉIK trabaja una pieza tan reconocible —la tarta de queso entera, en su caja— que cualquier elemento extra le quita sitio. La sesión limpia el plano y deja que la corteza tostada haga todo el trabajo de color.
El segundo personaje es la madera de la caja. La marca empaqueta cada tarta en una caja redonda de chopo claro, con la etiqueta circular en burdeos donde se lee KÉIK. Esa caja se convierte en el marco natural de cada plano: tapa abierta apoyada detrás, fondo neutro, tarta dentro. Repetimos la misma puesta para cada sabor para que el catálogo encaje pieza a pieza.
El tercer personaje es la luz. Una sola fuente cenital, suave y direccional, que pinta la superficie quemada de la cheesecake vasca, los tonos cobre del cacao espolvoreado o el verde mate del matcha. La cámara nunca pelea con la sombra: trabaja con ella para que el relieve de la tarta se note sin que el plano se ensucie.
"La regla de la sesión fue una sola: que la tarta llegue al móvil exactamente como llega a casa del cliente — caja, etiqueta, corteza tostada y nada más."— Equipo Dando de Más© · KÉIK
Una jornada en obrador, mesa blanca, fondo blanco infinito y una pauta cerrada de tres encuadres por sabor: tarta entera con caja abierta, detalle cenital y porción cortada. Cada tarta se hornea en el momento de la sesión para que la corteza llegue al plano con el brillo justo y los puntos quemados aún tibios.
Las acciones —el cacao espolvoreado, el cuchillo entrando en la pieza, la cuchara levantando textura— se dispararon en serie corta para tener varias tomas válidas por gesto. La cámara siempre desde un solo ángulo por sabor para que el catálogo se lea como una secuencia coherente, no como tomas sueltas.
El resultado es una sesión doble: imágenes limpias para web y catálogo, y un puñado de planos cinemáticos del cacao cayendo, la porción saliendo o la cuchara hundiéndose en el queso, listas para Reels y stories. Una sola jornada y dos canales cubiertos durante meses.








