JAPOMEX es un restaurante en pleno centro de Andorra la Vella que cruza dos cocinas que parecen lejanas y casi siempre lo son: la precisión japonesa y la fuerza mexicana. Sushi pintado con salsas picantes, ramen al borde del wok, takoyakis sobre cerámica de hexágonos. Nuestro encargo fue uno solo: convertir cada plato de su carta en una imagen.
Decidimos que el negro fuera el lienzo. No un negro suave de estudio, sino negro absoluto —el del lacado de las bandejas izakaya, el del basalto volcánico, el del fondo de un escenario antes de que se enciendan las luces—. Sobre ese fondo cada plato aparece como una aparición: la salsa cayendo, los granos de sésamo flotando, el vapor que se ve en una sola toma.
El segundo personaje son las cerámicas. JAPOMEX trabaja con piezas tradicionales japonesas —indigo katagami, hexágonos de tortuga, esmaltes craquelados— y cada cuenco aporta su propio patrón. La fotografía las trata como parte del plato: la composición empieza en el dibujo del cuenco y termina en el vapor.
El tercer ingrediente lo pone México: la salsa. Caída lenta, en goteo cinemático, congelada en el aire. Es la pincelada de color que el negro pide y la firma visual del restaurante. La cámara la sigue siempre por encima del plato — la salsa cae sobre la composición, nunca debajo.
"Lo bonito de fotografiar JAPOMEX es que la carta ya viene resuelta: dos culturas, mucha salsa y una vajilla que sostiene cualquier encuadre."— Equipo Dando de Más© · JAPOMEX
Una jornada y media en cocina, dos mesas montadas en paralelo —una para el wok, otra para el plato terminado— y un sistema de iluminación pequeño para no estorbar el servicio. Cada plato pasa por tres encuadres mínimos: cenital para carta, picado para feed y el plano de la salsa cayendo, que es el que termina firmando la imagen.
El equipo de JAPOMEX cocina cada pieza al momento. Esa frescura es la que la cámara persigue: el brillo recién hecho, el vapor que solo dura una toma, los crujientes que se ablandan a los dos minutos. La regla del set es no fotografiar nada que ya haya pasado por la cámara — mejor cocinar de nuevo y volver a empezar.
El resultado es una biblioteca de plato a plato lista para todo: feed de Instagram, plataformas de delivery, soportes en sala, futuros menús impresos. Una sola sesión que sostiene la imagen del restaurante durante meses sin tener que repetir tomas.











