Burgaccia llegó con una idea muy clara y un manifiesto descarado: "comer con clase nunca fue tan sucio". Marca nueva, sin local, sólo delivery: toda su existencia tenía que ocurrir en el feed. Nuestro trabajo fue traducir ese contraste —lujo y suciedad bonita— a foto, vídeo, RRSS y diseño desde el primer post.
Construimos un universo visual que mezcla la solemnidad del barroco —terciopelo oxblood, candelabros, pearls, vajilla dorada— con la suciedad bonita del delivery. Cada sesión la dirigimos en estudio: dirección de arte, attrezzo, casting de manos, iluminación cálida con contraluz lateral y ese halo dorado que se repite en toda la marca.
El estilo es deliberadamente cinematográfico: fondos de tela vino, brillos sobre bandeja, primer plano extremo. Tratamos cada plato como un bodegón flamenco para que, aún siendo delivery, se sienta restaurante de mantel. Foto que pide doble toque sin más explicación — diseñada para frenar el scroll en su décima de segundo.
El vídeo trabaja la misma gramática: macro de la salsa goteando, mano enguantada en oro entrando en plano, primer plano del bocado. Piezas cortas y golosas, montadas a tempo para empujar al pedido inmediato en Uber Eats o Glovo, y editadas en versiones específicas para feed, reels, stories y banners de los agregadores.
"Burgaccia es lujo que se come con las manos. Nuestra tarea fue traducir ese contraste a imagen: terciopelo, oro, candelabros — y debajo, una hamburguesa que se chorrea."— Equipo Dando de Más© · Burgaccia
Al no haber local, las RRSS son el local. Llevamos la cuenta a calendario semanal: combos, ediciones limitadas, recordatorios de horario y stories diarios que sostienen la conversación con el público delivery. Cada novedad sale empaquetada con su cápsula de foto, vídeo y post — lista para feed, reels y los banners de los agregadores.
Construimos el sistema de diseño de la marca: tipografía, retícula, código de color (oro champán sobre oxblood) y la frase manifiesto como ancla. A partir de ahí salen todos los soportes: cartelería para promociones, gráficas para Uber Eats y Glovo, materiales para la apertura en Madrid y piezas puntuales de colaboración.
El resultado es una marca que se reconoce sin logo: si ves un guante dorado, oro y fondo vino, sabes que es Burgaccia. Una identidad lo bastante fuerte como para escalar de Valencia a Madrid replicando el mismo lenguaje sin reaprender el contrato visual con el público.








